Se firma la escritura, se entregan las llaves y el vendedor sale de la notaría pensando que todo ha terminado. Sin embargo, para la comunidad de propietarios el cambio acaba de empezar.
Es bastante habitual que meses después el administrador siga teniendo como propietario a quien ya vendió la vivienda. Los recibos continúan domiciliados en su antigua cuenta, las convocatorias se envían al correo equivocado y nadie sabe exactamente quién es el nuevo titular. Una situación que podría evitarse con unas gestiones bastante sencillas.
El certificado de deuda también forma parte de la venta
Antes de firmar, el vendedor debe declarar si está al corriente de pago con la comunidad o indicar las cantidades que adeuda. Para ello, tiene que aportar un certificado que acredite esa situación. Solo puede prescindirse de él cuando el comprador le exonera expresamente.
A veces se contempla como un trámite sin importancia dentro de toda la documentación de una compraventa, pero tiene bastante importancia.
Para el comprador supone conocer la situación económica real de la vivienda que adquiere. Para el vendedor permite cerrar su etapa como propietario dejando clara su posición frente a la comunidad.
Para el administrador evita muchos quebraderos de cabeza por posteriores duplicidades de cuotas, devoluciones de recibos o cantidades pendientes.
El “ya no soy propietario” no es suficiente
Otra situación frecuente se produce después de la firma. El vendedor considera que la comunidad debe conocer automáticamente el cambio de propietario al constar la operación en una escritura pública, pero eso no es así.
La Ley de Propiedad Horizontal establece que quien transmite una vivienda o local debe comunicar el cambio de titularidad a quien ejerza las funciones de secretario de la comunidad, utilizando un medio que permita acreditar su recepción.
La obligación tiene además una consecuencia importante puesto que quien no comunica la venta puede seguir respondiendo solidariamente con el nuevo propietario de las deudas comunitarias que se generen después de la transmisión.
Una simple comunicación puede evitar un problema bastante mayor.
El comprador también necesita empezar bien
La transición funciona mejor cuando el nuevo propietario contacta con la administración desde el principio. Nombre, dirección de notificaciones, teléfono, correo electrónico o número de cuenta bancaria. Datos que permiten actualizar la información y comenzar la relación con normalidad.
También conviene conocer si existen derramas aprobadas, obras pendientes o acuerdos comunitarios que puedan afectar a la vivienda.
Una compraventa cambia al propietario, pero la vida de la comunidad continúa exactamente donde estaba. Puede haber una obra en marcha, una reclamación pendiente o una derrama cuyo pago se extienda durante varios meses. Saberlo antes evita muchas sorpresas después.
Cuando nadie comunica nada
El problema aparece cuando vendedor y comprador dan por hecho que será el otro quien realice las gestiones.
Entonces llega una devolución bancaria, una convocatoria que recibe quien ya no vive allí, una derrama que nadie sabe a quién corresponde… Y comienza una cadena de llamadas que normalmente termina con la misma pregunta al administrador: “¿Pero ustedes no sabían que el piso se había vendido?”
Una transición sencilla que evita problemas
Cambiar de propietario dentro de una comunidad debería ser un proceso sencillo. Solicitar el certificado correspondiente, comprobar que las cuentas están claras, comunicar formalmente la transmisión y facilitar los datos del nuevo titular.
Hacerlo correctamente permite que quien vende cierre su relación con tranquilidad, que quien compra empiece con toda la información y que la comunidad pueda actualizar su gestión desde el primer día.
Se trata de una pequeña gestión que puede evitar muchos problemas meses después.