¿Por qué algunas comunidades funcionan y otras viven permanentemente enfrentadas?

Hay edificios donde las juntas duran poco, los problemas se hablan y, aunque no todos estén de acuerdo, las decisiones terminan aceptándose. En otros, cualquier reparación puede convertirse en una discusión. Una derrama recupera conflictos de hace diez años, hay vecinos que apenas se hablan o juntas que empiezan con asuntos nuevos y terminan recordando problemas antiguos.

Lo curioso es que no siempre depende del tamaño de la comunidad, del dinero disponible o del estado del edificio. Dos comunidades prácticamente iguales pueden tener formas de convivir completamente distintas.

La historia también cuenta

Las comunidades tienen memoria, mucha memoria. Una obra mal por-que-algunas-comunidades-funcionan-y-otras-viven-permanentemente-enfrentadasexplicada, una derrama que generó dudas, una decisión del presidente o una antigua discusión entre propietarios pueden dejar una huella que permanece durante años o incluso toda la vida.

Cuando se pierde la confianza, cualquier asunto empieza a mirarse con sospecha. Una reparación deja de ser simplemente una reparación. Aparecen preguntas sobre quién la propuso, quién se beneficia, por qué cuesta tanto o qué intereses puede haber detrás. Y recuperar esa confianza suele ser mucho más difícil que perderla.

Las normas ayudan, pero no hacen milagros

Tener unas reglas claras facilita mucho la convivencia. Saber cómo se utilizan las zonas comunes, qué hacer ante una incidencia, cómo presentar una propuesta o qué decisiones corresponden a la junta evita bastantes discusiones.

Pero ningún reglamento puede prever todas las situaciones. La convivencia necesita también cierta flexibilidad, respeto y sentido común. Una comunidad puede tener unas normas perfectamente redactadas y funcionar mal si cada propietario intenta interpretarlas siempre a su favor.

La forma de comunicar importa

Muchos conflictos comienzan antes incluso de tomar una decisión. Surgen cuando alguien siente que no ha sido informado, que una explicación ha llegado tarde o que todo estaba decidido antes de celebrar la junta.

Informar bien no significa conseguir que todos estén de acuerdo. Eso sería prácticamente imposible. Pero entender por qué se hace una obra, cuánto cuesta, qué alternativas existen o por qué se propone una determinada solución ayuda a que las diferencias puedan gestionarse con más tranquilidad.

A veces el problema no está tanto en la decisión como en la forma en la que se ha llegado hasta ella.

Comunidades que saben discrepar

Hay comunidades donde se discute, se vota y se pierde una votación sin que eso se convierta en un problema personal. Probablemente ahí esté una de las mayores diferencias.

Convivir implica aceptar que alguna vez se aprobará algo que no nos gusta, que pagaremos por servicios que utilizamos poco o que nuestra propuesta no siempre será la elegida. Sin embargo, cuando cada desacuerdo se interpreta como una ofensa, la comunidad termina agotándose.

Tener opiniones distintas forma parte de vivir con otras personas. Aceptar esta realidad es la clave para que las juntas transcurran de manera cordial y sin conflictos.

El administrador puede ayudar

Una buena organización, una presidencia equilibrada y un administrador capaz de explicar, ordenar y mediar pueden contribuir mucho a mejorar el ambiente.

Aún así, ningún administrador puede conseguir por sí solo que diez, treinta o cien propietarios quieran convivir razonablemente. Hay una parte que depende inevitablemente de cada uno. Quizá por eso las comunidades que mejor funcionan no sean necesariamente las que tienen menos problemas. Puede que simplemente sean aquellas que han aprendido a resolverlos sin convertir cada diferencia en un conflicto.

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