Hay costumbres que se mantienen por inercia, no por sentido común o utilidad. En el mundo de las comunidades de vecinos, pocas son tan absurdas y cargantes como la famosa doble convocatoria de las juntas.
Todos sabemos lo que ocurre, puesto que rara vez se celebra la reunión en primera convocatoria y, sin embargo, ahí seguimos esperando a la segunda como si fuera un ritual sagrado.
Un invento de otro tiempo
La Ley de Propiedad Horizontal lo establece así desde hace décadas:
- En primera convocatoria, la junta necesita la asistencia de la mayoría de propietarios.
- En segunda, media hora después, puede celebrarse con los que estén presentes.
La idea, en su día, tenía lógica. En los años 60 o 70, cuando los vecinos vivían en el mismo edificio, se avisaba en el tablón y se daba un margen por si alguno llegaba tarde o no había visto el cartel.
Pero hoy, en pleno siglo XXI, con correos electrónicos, grupos de WhatsApp, apps de gestión y convocatorias enviadas con semanas de antelación, esa media hora de espera es una ficción legal que no sirve para nada.
Una pérdida colectiva de tiempo
Los administradores lo sabemos bien. Llegamos puntuales a la junta, saludamos a los primeros vecinos que van apareciendo, y siempre se escucha el mismo comentario: “Bueno, hasta dentro de media hora no empezamos, ¿no?”
Y ahí estamos media hora de reloj mirando el móvil, esperando a que el tiempo pase, charlando o leyendo noticias, sabiendo perfectamente que hasta la hora de la segunda convocatoria no empezará la reunión.
Esa media hora no es solo una molestia. Multiplicada por las miles de comunidades que hay en España, se convierte en cientos de miles de horas improductivas cada año.
Horas que podrían destinarse a resolver incidencias, atender llamadas o simplemente a descansar, porque la realidad es que la mayoría de administradores trabaja hasta la noche, enlazando juntas sin apenas respiro.
Una norma que ya no tiene sentido
El espíritu de la doble convocatoria era facilitar la participación. Hoy, en cambio, consigue justo lo contrario, pues genera confusión y desinterés.
Algunos vecinos llegan a la primera convocatoria y se marchan por no esperar; otros llegan tarde porque saben que se empezará en la segunda; y el resto lo asume como una especie de formalismo absurdo.
En la práctica, la primera convocatoria ha muerto. Solo existe sobre el papel, en la citación y en el acta, para cumplir con la ley. Y, como tantos otros formalismos anacrónicos, sigue ahí porque nadie se ha atrevido a eliminarla.
Lo que implica para los administradores
Para quienes trabajamos en esto, esa media hora tiene un precio alto. No solo en tiempo, sino en energía. Las juntas empiezan tarde, acaban más tarde todavía, y al final el administrador sale del edificio a las nueve o diez de la noche con la sensación de haber perdido treinta minutos en algo tan inútil como inevitable.
La doble convocatoria es un vestigio de otra época. Hoy bastaría con una convocatoria única, clara, que especifique el quórum necesario y permita comenzar puntualmente. Nada se perdería y todos ganaríamos: tiempo, orden y sentido común.
Mientras no se reforme la Ley de Propiedad Horizontal, los administradores seguiremos llegando puntuales a juntas que empiezan tarde, mirando el reloj con resignación y repitiendo por dentro la misma pregunta que todos sabemos: ¿De verdad hace falta seguir fingiendo que la primera convocatoria existe?