Educar para convivir es una de las tareas más importantes de cualquier adulto, aunque a veces solo reparemos en ello cuando surgen pequeños conflictos cotidianos. Y es que, en muchas comunidades de vecinos, lo más incómodo no nace de una gran obra, una derrama o una deuda importante. A veces los conflictos surgen de escenas cotidianas que se repiten una y otra vez hasta acabar desgastando el ambiente. Una de ellas es la presencia de niños jugando en las zonas comunes y las molestias que determinadas conductas pueden generar entre los vecinos.
Los menores forman parte de la vida normal de cualquier edificio. Juegan, corren, hablan alto y se mueven con la energía propia de su edad. Eso, por sí solo, no debería generar ningún desacuerdo. El problema aparece cuando esa actividad invade espacios poco adecuados, se prolonga sin control o termina afectando de forma constante al descanso, la tranquilidad o la seguridad de los demás. (más…)