Ser administrador de fincas no se limita a llevar cuentas, convocar juntas o firmar contratos con proveedores. Implica lidiar cada día con conflictos, quejas, impagos, tensiones entre vecinos y críticas constantes. Esa cara menos visible de la profesión tiene un impacto profundo en la persona que la ejerce, un desgaste emocional que pocas veces se reconoce y que merece ser puesto sobre la mesa. (más…)